¿Por qué muy pocos artesanos llegan a ser reconocidos como artistas? Las oposiciones entre lo culto y lo popular, entre lo modernos y lo tradicional, se condensan en la distinción establecida por la estética moderna entre arte y artesanías. Al concebirse al arte como un movimiento simbólico desinteresado, un conjunto de bienes “espirituales” en los que la forma predomina sobre l función y lo bello sobre lo útil, las artesanías aparecen como lo otro, el reino de los objetos que nunca podrían despegar de su sentido práctico. Los historiadores sociales del arte, casi nunca llegan a cuestionar la grieta entre lo ‘culto’ y lo ‘popular’, que en parte se superpone con la escisión entre lo rural y lo urbano, entre lo tradicional y lo moderno.
El arte corresponderá a los intereses y gustos de la burguesía y de sectores cultivados de la pequeña burguesía, se desarrolla en las ciudades, habla de ellas, y cuando representa paisajes del campo, lo hace con óptica urbana. Raymons Williams bien dijo: “Una tierra que se trabaja no es casi nunca un paisaje; la misma de paisaje supone la existencia de un observador separado”.
Las artesanías, en cambio, se ven como productos de indios y campesinos, de acuerdo con su rusticidad, los mitos que habitan su decoración; los sectores populares que tradicionalmente las hacen y las usan.
¿No les asombra leer que […] una de las historiadoras más rápidas del oeste, Marta Traba, haya dicho que los artistas populares quedan reducidos a “lo práctico-pintoresco”, que son incapaces de “pensar un significado diferente al transmitido y usado habitualmente por la comunidad, mientras que el artista ‘culto’ es un solitario cuya primera felicidad es la de satisfacerse gracias a su propia creación” . No es posible hablar así cuando un historiador del arte sabe que, desde hace más de medio siglo, los constructivistas y la Bauhaus, grupos plásticos y teatrales vienen demostrando que la creatividad puede brotar también de mensajes colectivos.
El otro argumento rutinario que opone el Arte del Arte Popular, dice que los productores del primero serían singulares y solitarios mientras que los populares serían colectivos y anónimos. El Arte produce “obras únicas”, irrepetibles, en tanto las artesanías se hacen en serie, de igual modo que la música popular reitera idénticas estructuras en sus canciones, como si les faltara “un proyecto” y se limitaran “a gastar un prototipo hasta la fatiga, sin llegar a plantearlo nunca como cosmovisión.
Veamos las razones por las que los diablos populares varían tanto o más que los del arte moderno (por no hablar del arte anterior, obligado por la iglesia a reproducir modelos teológicamente aprobados). Los mitos con que sostienen las obras más tradicionales y las innovaciones modernas indican en qué medida los artistas populares superan los prototipos, plantean cosmovisiones y son capaces de defenderlas estética y culturalmente.
En otro tiempo, el tejedor de Teotitlán del Valle hubiera sido una excepción; personas como él eran artesanos que por una peculiar necesidad creativa producían sus obras alejándose del propio grupo, sin acceder tampoco al mundo del arte culto. Pintaban o grababan con alto valor estético pese a desconocer la historia del arte.
Podemos así, concluir que el arte ya no puede presentarse como inútil ni gratuito. Se produce dentro de un campo atravesado por redes de dependencias que lo vinculan con el mercado, las industrias culturales y con esos referentes “primitivos” y populares que son también la fuente nutricia de lo artesanal.
Se demostró que en las cerámicas, los tejidos y retablos populares se pueden encontrar tanta creatividad formal, generación de significados originales y ocasional autonomía respecto de las funciones prácticas como en el arte culto. Este reconocimiento ha dado entrada a ciertos artesanos y artistas populares en museos y galerías.
En conclusión, podríamos decir que el arte se encuentra en la búsqueda de cualidades estéticas mientras que la mayor parte de la producción artesanal no tiene aspiraciones estéticas. En los países latinoamericanos más ricos en artesanías –Perú, Ecuador, Guatemala, México– la mayoría de los artesanos produce para sobrevivir, no buscando renovar las formas o la significación. Lo que llamamos arte no es sólo lo que culmina en grandes obras, sino un espacio donde la sociedad realiza su producción visual. Es en este sentido amplio que el trabajo artístico, su circulación y su consumo configuran un lugar apropiado para comprender las clasificaciones con que se organiza lo social.
FUENTE: Síntesis del texto “Arte vs. Artesanías” del libro de Néstor García Canclini “Culturas Híbridas”.
El arte corresponderá a los intereses y gustos de la burguesía y de sectores cultivados de la pequeña burguesía, se desarrolla en las ciudades, habla de ellas, y cuando representa paisajes del campo, lo hace con óptica urbana. Raymons Williams bien dijo: “Una tierra que se trabaja no es casi nunca un paisaje; la misma de paisaje supone la existencia de un observador separado”.
Las artesanías, en cambio, se ven como productos de indios y campesinos, de acuerdo con su rusticidad, los mitos que habitan su decoración; los sectores populares que tradicionalmente las hacen y las usan.
¿No les asombra leer que […] una de las historiadoras más rápidas del oeste, Marta Traba, haya dicho que los artistas populares quedan reducidos a “lo práctico-pintoresco”, que son incapaces de “pensar un significado diferente al transmitido y usado habitualmente por la comunidad, mientras que el artista ‘culto’ es un solitario cuya primera felicidad es la de satisfacerse gracias a su propia creación” . No es posible hablar así cuando un historiador del arte sabe que, desde hace más de medio siglo, los constructivistas y la Bauhaus, grupos plásticos y teatrales vienen demostrando que la creatividad puede brotar también de mensajes colectivos.
El otro argumento rutinario que opone el Arte del Arte Popular, dice que los productores del primero serían singulares y solitarios mientras que los populares serían colectivos y anónimos. El Arte produce “obras únicas”, irrepetibles, en tanto las artesanías se hacen en serie, de igual modo que la música popular reitera idénticas estructuras en sus canciones, como si les faltara “un proyecto” y se limitaran “a gastar un prototipo hasta la fatiga, sin llegar a plantearlo nunca como cosmovisión.
Veamos las razones por las que los diablos populares varían tanto o más que los del arte moderno (por no hablar del arte anterior, obligado por la iglesia a reproducir modelos teológicamente aprobados). Los mitos con que sostienen las obras más tradicionales y las innovaciones modernas indican en qué medida los artistas populares superan los prototipos, plantean cosmovisiones y son capaces de defenderlas estética y culturalmente.
En otro tiempo, el tejedor de Teotitlán del Valle hubiera sido una excepción; personas como él eran artesanos que por una peculiar necesidad creativa producían sus obras alejándose del propio grupo, sin acceder tampoco al mundo del arte culto. Pintaban o grababan con alto valor estético pese a desconocer la historia del arte.
Podemos así, concluir que el arte ya no puede presentarse como inútil ni gratuito. Se produce dentro de un campo atravesado por redes de dependencias que lo vinculan con el mercado, las industrias culturales y con esos referentes “primitivos” y populares que son también la fuente nutricia de lo artesanal.
Se demostró que en las cerámicas, los tejidos y retablos populares se pueden encontrar tanta creatividad formal, generación de significados originales y ocasional autonomía respecto de las funciones prácticas como en el arte culto. Este reconocimiento ha dado entrada a ciertos artesanos y artistas populares en museos y galerías.
En conclusión, podríamos decir que el arte se encuentra en la búsqueda de cualidades estéticas mientras que la mayor parte de la producción artesanal no tiene aspiraciones estéticas. En los países latinoamericanos más ricos en artesanías –Perú, Ecuador, Guatemala, México– la mayoría de los artesanos produce para sobrevivir, no buscando renovar las formas o la significación. Lo que llamamos arte no es sólo lo que culmina en grandes obras, sino un espacio donde la sociedad realiza su producción visual. Es en este sentido amplio que el trabajo artístico, su circulación y su consumo configuran un lugar apropiado para comprender las clasificaciones con que se organiza lo social.
FUENTE: Síntesis del texto “Arte vs. Artesanías” del libro de Néstor García Canclini “Culturas Híbridas”.
De acuerdo a la lectura realiza las siguientes actividades:
1. Escribe tu propio concepto de arte y artesanía.
2. ¿Cuál dirías que es la característica principal que hace la diferencia entre un concepto y otro?
3. Ilustra 3 ejemplos de artesanía y 3 ejemplos de cultura.
4. El trabajo se entregará en clase el día 12 marzo 2012.
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